Por Mariana Dufour
“Los niños y niñas tenemos derecho a jugar y a aprender”. Esta afirmación debiera ser una obviedad para todo ciudadano respetuoso de sus obligaciones. Sin embargo, la realidad nos muestra la constante y cotidiana explotación de niños por parte de los adultos. Las localidades turísticas como Pinamar ven, en especial durante las temporadas, como la Ley de Prohibición del Trabajo Infantil y protección del Trabajo Adolescente es vulnerada a la vista de residentes, turistas y autoridades.
El Artículo 2 de Ley Nº 26.390 establece claramente: “(…) Queda prohibido el trabajo de las personas menores de dieciséis años en todas sus formas, exista o no relación de empleo contractual, y sea éste remunerado o no”. Su cotidiano incumplimiento llevó a que, el jueves 17, la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI), perteneciente al Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, estuviera en Pinamar brindando una jornada de capacitación y sensibilización sobre el trabajo infantil. El encuentro se realizó en el Teatro de la Torre por la mañana.
La COPRETI es un espacio de articulación de las políticas de Estado tendiente a garantizar la promoción, restitución y protección de los derechos vulnerados de los niños, niñas y adolescentes con el fin de prevenir y erradicar el trabajo infantil. Toda su actividad se sustenta en el marco de la Convención de los Derechos del Niño que tiene jerarquía constitucional y en la mencionada Ley Provincial.
¿Qué es el Trabajo Infantil?
La COPRETI denomina trabajo infantil a "las estrategias de supervivencia o actividades productivas de comercialización o prestación de servicios, remuneradas o no, realizadas por niñas y/o niños, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo establecida en nuestro país, que atenten contra su integridad física, mental, espiritual, moral o social y que interrumpan o disminuyan sus posibilidades de desarrollo y ejercicio integral de sus derechos".
La definición se explica a partir de tres criterios esenciales. Primero, la edad en que se lleva a cabo: por debajo de los 15 años para nuestra legislación aunque existen excepciones para el trabajo del niño o niña en empresas familiares y para el trabajo en actividades artísticas. Segundo, las actividades que se realizan: los niños se incorporan a una variada gama de tareas, desempeñándose en actividades laborales en la economía formal o bien como trabajadores por cuenta propia en ocupaciones callejeras. Muchas de estas actividades se encuentran en el límite de lo permitido o de lo prohibido y forman parte del multifacético mundo del trabajo infantil. Las tareas, pueden ser diversas, pero siempre dañinas para la integridad física y/o psíquica del niño o niña. Además de las que muchos realizan dentro del propio hogar para que sus padres puedan trabajar, podemos mencionar algunas modalidades tales como carga y descarga de mercaderías, en la industria del calzado, en panaderías, en fábricas de helados, en hornos de ladrillos, en tareas de horticultura, en cirujeo, en mendicidad, en venta callejera y también las denominadas peores formas como la pornografía, la explotación sexual comercial o tráfico de drogas. Y, tercero, las condiciones en que se realizan las actividades: las jornadas laborales superiores a los límites máximos establecidos por la legislación nacional para un trabajador adulto, derechos laborales inexistentes y en empleos precarios.
Causas del trabajo infantil
Según COPRETI, las causas del trabajo infantil son la pobreza, la falta de oportunidades, la violencia intrafamiliar, determinados patrones culturales y una peligrosa y cómoda permisividad social: indiferencia, naturalización, tolerancia como el "menor de los problemas", creencia en el aprendizaje de un oficio como justificación de relaciones laborales o de explotación, etc.
Las consecuencias del trabajo infantil son varias. Desde lo social: profundiza la desigualdad, viola los derechos humanos fundamentales de la infancia y la adolescencia, produce un acelerado proceso de maduración, impide o limita el adecuado proceso educativo, produce enfrentamiento a un ambiente adulto y a veces hostil y pérdida de la autoestima además de problemas de adaptación social y traumas.
Las consecuencias físicas y psíquicas son la estimulación a la dependencia de fármacos, el retraso en el crecimiento, el agotamiento físico, los abusos físicos y psíquicos, las picaduras de insectos y animales ponzoñosos, las infecciones a causa de químicos, las heridas, quemaduras y amputaciones y los dolores en las articulaciones y deformaciones óseas.
Las consecuencias económicas del trabajo infantil son la pérdida promedio de dos años de escolaridad (a largo plazo significa un 20% menos de salario durante toda su vida adulta), la pérdida de poder adquisitivo del mercado nacional, la pérdida de años de educación se traduce en una calidad inferior del capital humano disponible en una sociedad e incidencia negativa en el P.B.I. (Producto Bruto Interno).
Hoy, nadie debiera desconocer que los niños y las niñas que trabajan no pueden ejercer plenamente sus derechos. Los niños obligados a trabajar tienen limitadas sus posibilidades para jugar, descansar y aprender en un clima amoroso y cuidado.