Por Angel Visaggio (El Cartero)
Las denuncias sobre hechos de corrupción que soporta la gestión del actual Intendente, Dr. Blas Antonio Altieri, contrasta notoriamente con lo que pregona en cada campaña, en especial al afirmar que Pinamar ocupó la tapas de los diarios nacionales (caso Roberto Porretti), cuando en rigor en estos últimos veinte meses su administración es sospechada y denunciada en la justicia sistemáticamente. Es decir que aborda el tema de la corrupción con una enorme miopía respecto de su propia gestión, cuando en rigor no puede sino juzgar por su propia condición.
Una de esas irregularidades tiene que ver con la denuncia penal, ahora con dictamen por parte de peritos del Ministerio Público, contra varios funcionarios que actualmente se desempeñan en el Departamento Ejecutivo. Los denunciados son Hernán Muriale, ex jefe de división de Compras; (hoy candidato a primer concejal por el MUPP), Mario Ugartemendía, inspector municipal; y Víctor Batelli, ex jefe de Compras, entre otros, cargos que recaen sobre el Intendente municipal, como máximo responsable de manera indelegable. (Irregularidades en la contratación de espacios para las automotrices en el año 2006 y 2007, falta de documentación, adulteración de firmas etc.).
Como sabemos el Concejo Deliberante decidió un pedido de informes al Intendente de carácter presencial, para que el 13 de octubre responda por estas irregularidades.
El débil argumento que esgrimió esta vez Altieri, es que no tiene una copia del expediente, que ahora se encontraría en la Fiscalía de Dolores y pide una prorroga hasta el próximo 27 de octubre (que le fue concedida por el H.C.D) eligiendo responder por estos hechos de corrupción después del acto eleccionario.
Una vez más Blas Antonio Altieri tiene una piedra en el zapato. Lo lamentable es que quien usa el zapato, es el que menos la nota. Hay toda una historia en la República Argentina forjada por políticos con cierta miopía complaciente, acompañada de un sesgo de capricho, arbitrariedad y la creencia de que en política todo se puede. Y en rigor, tal vez, hay algo de cierto: en política: "se puede hacer cualquier cosa", lo que no puede es evitar la consecuencias".
Dicho esto cabe preguntarse: las consecuencias políticas las paga solamente el Dr. Altieri o también Pinamar? La repetición de situaciones que le hicieron perder la Intendencia en el año 2007 como la designación obstinada de funcionarios que no están a la altura de las circunstancias y que en definitiva no son otros que los que conforman el círculo de allegados políticos y que a través de "un enroque fenomenal" son los mismos de siempre en distintos cargos, le han generado un estrangulamiento político y hoy el único salvavidas que puede tomar Altieri para sostener su gestión, es la obra pública encarada con fondos de la Provincia y Nación, cuyo mérito debe adjudicarse a quienes pagamos los impuestos y el descredito en la contratación de las mismas al propio ejecutivo, ya que en muchas de ellas, por ejemplo el Hospital, es adjudicada a un socio de Altieri y está también en la lupa de la justicia.
Si pensamos que su estrategia de campaña del 2010 se basó en la experiencia que hace la diferencia: a esta altura de los acontecimientos debemos reflexionar seriamente: cual es la diferencia?
Se repiten historias que perjudican a Pinamar, cuando en realidad los "esperanzados votantes" que le acompañaron en la última elección, daban por hecho que esta sería la oportunidad del Dr. Altieri para corregir con responsabilidad ética todas aquellas falencias que desde el llano declamó y que luego, desde el gobierno ignora o profundiza.
Sostener un estado de responsabilidad ética solo es posible cuando surge de un estado de conciencia personal. La gente "común", si la hay "especial", sabe de estos extremos que afectan las conductas de los funcionarios públicos y distingue entre los males "peor" y "menor", pero ello no significa que los ciudadanos se conformen y acepten a los políticos faltos de palabra pues en buena medida la participación y el protagonismo popular, depende del grado de esperanza o desesperanza que despiertan los gobernantes. Hay cambiar la moralidad de los de arriba para que cambie la mentalidad de los de abajo, ya que uno de los eslabones en la cadena de la recuperación de la confianza en la clase dirigente, radica justamente en producir conductas ejemplares.
En apenas pocos días hay nuevamente elecciones generales y un 72% dijo no a esta forma de gobierno en las elecciones primarias. Algo es seguro, cada vez es más difícil que los electores presten atención al canto de las sirenas y su encantamiento.